terça-feira, 2 de outubro de 2007

Vamos ao que interessa.

Cerámica árabe


Plato con tres pies. Cerámica del Irán. Siglo IX.
Loza con decoración en azul.

Se ha dicho que la cerámica es el producto más perfecto del arte islámico. El artista musulmán encontró en la arcilla cocida el objeto ideal para transformar un volumen en un campo de experimentación de las técnicas y de los procedimientos ornamentales.


Plato de pie plano. Loza procedente de Nisapur. Siglos IX-X

En la cerámica, como en otras artes, los pueblos islámicos continuaron antiguas tradiciones. En los primeros tiempos de dominio árabe, en los que la funcionalidad privaba sobre cualquier otro tipo de criterio, se fabricaban piezas sin vidriar, con decoración plástica añadida realizada con moldes, superpuesta con gruesos cordones o como resultado de estriar la superficie, a este tipo de cerámica estampada o barbotina propia de Samarra, habría que añadir otra más austera barnizada de verde o azul brillante.


Plato de la Transoxiana. Período Samaní. Siglos IX-X

Los contactos con las civilizaciones del extremo oriente pronto hicieron que la cerámica china de los Tang tuviera una cierta influencia en los alfares musulmanes que adoptaron la técnica del esgrafiado.



CERAMICA ABASI


Las vasijas de uso doméstic
o, dejaron paso a un tipo de vajilla de lujo que tuvo gran demanda. La primitiva técnica del esgrafiado perdió su tosquedad al darse una segunda capa de arcilla (engobe) sobre el barro. En esta capa se grababan los dibujos y luego se recubría todo con un vidriado transparente de plomo, acabado que podía salpicarse con pinceladas de colores amarillos, verdes o púrpuras que se fusionaban con el fondo.

El gusto por el lujo y la voluntad de imitar los utensilios de oro, hizo que en diversas regiones apareciesen casi simultáneamente la cerámica lustrada o de reflejo metálico. Sobre la vasija, ya cocida y vidriada, se aplica una segunda capa muy tenue, mezcla de óxido de cobre y otras materias y luego se vuelve a cocer la pieza a baja temperatura. El resultado es una cerámica que, según la temperatura de cocción y los materiales añadidos al óxido de cobre, puede ofrecer los más variados matices y tonos: oro, rubí, púrpura, amarillo, castaño, etc. La novedad de este tipo de cerámica no residió solo en la aportación técnica, sino en los motivos decorativos, entre los que empezó a tener gran importancia la escritura cúfica, con unos caracteres lineales de gran plasticidad.

El centro productor más renombrado de este tipo de cerámica fue Bagdad, si bien los principales yacimientos se han encontrado en Samarra, con piezas de todo tipo (bandejas, cántaros, escudillas, etc.) entre las que destacan las de lustre rubí, de una gran delicadeza cromática.

La cerámica superó su aplicación al utensilio doméstico y se empleó en baldosas y azulejos para revestir paredes, innovación que, especialmente en el occidente islámico (Al-Andalus), alcanzó un auge excepcional.


Recipientes de los siglos XII-XIII. Loza con vidriado azul procedente de Rai (Irán)


CERAMICA SELYUCIDA

Los selyúcidas volvieron a dar un nuevo período de esplendor a la cerámica persa en ciudades como Rai y Kasan. Se fabricaron diversos tipos de cerámica, desde vasijas con vidriado monocromo a semejanza de modelos chinos, hasta la cerámica llamada lakabi (pintada), con un tipo de decoración que recuerda las labores de cloisonné, el más notable de ellos fue el de reflejos metálicos.

La calidad decorativa de esta cerámica no reside únicamente en sus representaciones de figuras aisladas o en sus animadas composiciones (soberano entronizado, procesiones, animales, signos de los meses, etc.) en blanco sobre un fondo lustrado, o las realizadas a la inversa, sino en las orlas caligráficas que constituyen el marco de aquellas.

De la experimentación, o tal vez de los hallazgos casuales, surgieron importantes variantes de la técnica de la cerámica lustrada, como el minai (esmalte), variante en la que por encima y por debajo de un vidriado transparente se aplicaban siete colores, con una gran brillantez cromática.



Azulejo con decoración geométrica. Período Nazarí, 1231-1492. Granada (La Alhambra)


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